Entre la fragmentación ideológica y la oportunidad histórica
Por Ariel Fernández Roldán La 66ª Cumbre del Mercosur, celebrada en Buenos Aires, puso en escena lo mejor y lo peor de la política regional sudamericana: acuerdos largamente negociados, gestos diplomáticos contenidos, liderazgos que se disputan en silencio y una grieta que no es nueva, pero que amenaza con volverse estructural. Durante dos días, los jefes de Estado de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay —junto a representantes de países asociados— discutieron la agenda de la integración, firmaron un tratado con la EFTA y, sin decirlo, expusieron una batalla más profunda: qué tipo de bloque debe ser Sudamérica y quién debe conducirlo. Lo que quedó en evidencia es que no hay consenso sobre las reglas del juego. Mientras algunos apuestan a una región unida y estratégica, otros parecen decididos a vaciar de contenido esa misma palabra, “bloque”, transformándola en un espacio de oportunidades bilaterales más que en un proyecto político común. El epicentro de esa tensión fue, s...