El peronismo frente a la legitimación del mileísmo
Por Ariel Fernández Roldán Hay días en los que el silencio pesa más que una derrota. Durante semanas, la estrategia fue callar: no confrontar, no responder, no arriesgar. Esperar que el desgaste del gobierno hiciera el trabajo. Apostar al cansancio ajeno, a la erosión natural del poder. “Do nothing, win.” Pero el silencio no construye sentido, y esta vez el silencio fue ruido: el de una sociedad que ya no escucha porque nadie le habla. El peronismo se replegó sobre sí mismo, confiando en que la memoria bastaba, que la gestión resistía, que el espanto alcanzaba. Pero el país cambió de idioma, y mientras tanto el mileísmo no dejó de hablar: con slogans, con actos, con gestos. Nombró, definió, ocupó los vacíos. Y la política, que se pensó prudente por guardar silencio, descubrió tarde que callar también es una forma de rendirse. Hay un tiempo para resistir y un tiempo para hablar. Hoy empieza el segundo. Porque el peronismo puede perder elecciones, pero no puede perder la palabra. Hay ...