Hay días sospechosamente “light”
Hubo un momento del año en el que parecía que la Argentina caminaba al borde del abismo. Una suma de tensiones —reformas, recesión, conflictividad social, elecciones de medio término, polarización extrema— daban la sensación de que algo iba a estallar. Sin embargo, nada explotó. Nada terminó de romperse. La Argentina hizo lo que mejor sabe hacer en contextos límite: normalizar la excepcionalidad , convertir la polarización en un modo de vida y aceptar que el ruido permanente no necesariamente anuncia una tormenta, sino tal vez la continuidad de lo mismo. La política argentina logró un extraño equilibrio en los extremos: los polos se radicalizaron tanto que terminaron creando un status quo nuevo , una estabilidad rara, frágil, pero estable al fin. Ese acostumbramiento al conflicto es quizás el mayor triunfo —y la mayor trampa— de esta etapa. El gobierno de Javier Milei llegó a las elecciones de medio término golpeado: inflación que no cedía al ritmo prometido, recesión profunda, ...