¿Qué pasa en el Norte?
Por: Elias Yanzón
La fragilidad del T-MEC ante las inversiones chinas en México.
En diciembre de 2024, tras su victoria en las elecciones presidenciales estadounidenses, Donald Trump exigió a los gobiernos de Canadá y México reforzar sus fronteras con Estados Unidos, bajo la amenaza de imponer aranceles generalizados del 25% a ambos países. La exigencia viene de las preocupaciones de Trump ante el aumento de los migrantes ilegales y del contrabando de drogas.
Lejos de pasar desapercibida, la provocación de Trump produjo tensiones en la relación entre México y Canadá. Varios funcionarios canadienses salieron rápidamente a distanciarse de los problemas mexicanos, entre ellos el primer ministro de Ontario, Doug Ford, quien sentenció que la comparación entre ambos países es un insulto ya que la frontera mexicana tiene otros problemas mucho más serios respecto al narcotráfico y los cruces ilegales.
El gobierno canadiense argumentó también que no deben verse con buenos ojos las relaciones comerciales entre México y China, ya que, en palabras de Doug Ford, el país asiático parece estar usando a México como “una puerta trasera para los productos chinos en los mercados canadiense y estadounidense”. Esta es una acusación que puede poner en juego el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Respecto a esto, la primera ministra de la provincia canadiense de Alberta, Danielle Smith, sostuvo que se debería expulsar a México del tratado si este no igualaba los aranceles canadienses y estadounidenses sobre las importaciones chinas.
Desde las autopartes de Lizhong, pasando por los electrodomésticos de Haier y hasta los muebles de lujo de Man Wah. Son sólo tres de las múltiples empresas chinas que asentaron fábricas en México, utilizando al país para introducir sus productos con etiquetas “Made in Mexico” en el mercado norteamericano, libres de aranceles.
Es así que, mientras supermercados como Walmart se llenan de productos de empresas chinas, la economía mexicana no hace más que crecer a niveles altísimos año tras año gracias a las crecientes inversiones del país asiático.
Esta triangulación comercial entre China, México y Estados Unidos funciona dividiendo la cadena de suministro en tres partes importantes: la fabricación de componentes en China, el ensamblaje en México y la venta final en Estados Unidos. El producto final es considerado completamente mexicano. De esta forma, las empresas oriundas de la República Popular minimizan costos de producción, maximizan la eficiencia y esquivan los aranceles impuestos por Washington.
Está claro que esta tendencia va a resquebrajar, y de hecho ya lo hace, las relaciones entre México y Estados Unidos en el corto y mediano plazo. La pregunta sería cuánto podrá aprovechar México esta triangulación comercial, que crece cada año y potencia la economía mexicana a medida que más empresas chinas instalan sus fábricas en parques industriales al sur del Río Grande.
Otra cosa que no podemos dejar de tomar en cuenta es que en 2026 se llevará a cabo la primera revisión del T-MEC, el cual entró en vigencia en 2020 en reemplazo del NAFTA. Se pronostica una negociación del tratado bastante áspera para las autoridades mexicanas que deberán dar la cara por los migrantes ilegales, el narcotráfico y ahora también por los productos de componentes chinos.
En todo caso, queda por ver cómo reaccionará el entrante presidente de la Casa Blanca, un enigmático y provocador Donald Trump, ya furioso por la inmigración ilegal y el contrabando de fentanilo, y cómo moverá sus fichas Canadá respecto a su relación con México.
Comentarios
Publicar un comentario