¿CUÁL TRUMP? ¿AMBICIOSO O MODERADO?

Por: Ariel Fernández y Elias Yanzón
 

DEPENDE DONDE, COMO Y CUANDO


Donald Trump no solo promete, también dramatiza. Desde el atril de campaña hasta su plataforma Truth Social, sus declaraciones no dejan a nadie indiferente. Sin embargo, detrás de su estilo grandilocuente se oculta un pragmatismo que, lejos de cumplir al pie de la letra sus promesas de campaña, las adapta a las realidades de un mundo multipolar y un Washington que ya no es el centro exclusivo de gravitación global.


Analizando su agenda proyectada para 2025 rápidamente se revela la típica fórmula Trump: titulares ambiciosos, pero con un guión entre líneas que deja ver ajustes más modestos. ¿Aranceles del 60% a las importaciones chinas? Posible, aunque según analistas estadounidenses, lo más probable es que la cifra oscile entre un 20% y un 30%. ¿Deportaciones masivas de los 11 millones de inmigrantes sin estatus legal? Improbable. Se calcula que podría alcanzar unas 500,000 deportaciones durante el primer año, una cifra que, aunque alta, no deja de ser una gota en el océano. Trump parece ser consciente de que sus políticas deben ser lo suficientemente audaces como para encender pasiones, pero lo suficientemente flexibles como para sobrevivir al escrutinio de la maquinaria burocrática de Washington.

En política exterior, la retórica no es para nada menos cautivadora. Con Ucrania, Trump parece tenerlo todo calculado. Critica por izquierda el bajo nivel de compromiso de los aliados europeos, pero presiona por derecha para aumentar el gasto militar global. ¿El resultado? Una Ucrania que se rearma comprando equipo militar estadounidense, financiada con créditos europeos. La industria armamentística de Estados Unidos, especialmente en estados clave como Alabama, Pensilvania y Virginia, florecería mientras los europeos cargan con la deuda sin recibir nada a cambio. Ni la incorporación de Ucrania a la OTAN, ni la ayuda estadounidense en problemáticas financieras de Europa Occidental. En este esquema, Trump logra revitalizar empleos en zonas estratégicas para su base electoral, reforzar el complejo militar-industrial, a la vez que presiona a los países europeos que aportan menos del 2% de su PBI a cuestiones de defensa de la OTAN, auténtico golpe maestro.

 

Siguiendo con el análisis de una posible política exterior de Donald Trump, Medio Oriente sigue siendo una ficha importante en su tablero, pero no la principal. El reciente video de Jeffrey Sachs compartido por Trump en sus redes sugiere que el recientemente electo presidente de Estados Unidos está más interesado en redirigir la atención hacia otros frentes que en desgastarse con un conflicto eterno. Israel, con su estrategia de “eliminación total” de Hamás, carece de una visión a largo plazo, y Trump, fiel a su estilo, podría aprovechar esta indefinición para jugar varias cartas a la vez: desde presionar por una recomposición con Arabia Saudita, que ahora coquetea con China, hasta utilizar la región como un trampolín para realinear intereses estratégicos.
Así como la administración Biden fue maldecida por la aparición y toma del poder de los Talibán en Afganistán, Trump llega a Medio Oriente con un escenario poco pensado hace un año atrás. La caída del gobierno de Bashar al-Assad deja un vacío de poder que se repartió entre turcos, israelíes y estadounidenses. Los kurdos, los cuales habían sido congraciados por todos los medios occidentales y Estados Unidos una década atrás por ser un foco de resistencia importante contra el Estado Islámico han pasado a desgracia por esa misma prensa, que ahora busca limpiar la imágen del ex Al Qaeda que está al “mando” de la nueva Siria liberada.
Sin embargo, el verdadero elefante en la habitación es el potencial conflicto entre Irán e Israel. Con Tel Aviv buscando frenar la influencia de Teherán y el programa nuclear iraní en un punto crítico, Trump podría estar jugando un peligroso juego de equilibrio. Por un lado, podría aprovechar la situación para reforzar su alianza con Israel y mantener su apoyo en los sectores más conservadores de Estados Unidos; por el otro, podría usar el conflicto como moneda de cambio en una negociación más amplia con Arabia Saudita y otros actores clave en la región. Al final, es difícil saber si Trump busca realmente resolver conflictos o simplemente intenta posicionarse como el único actor capaz de ser crupier y jugador en una partida de póker a nivel global. 
En cualquier caso, Medio Oriente bajo la administración Trump, potencialmente, se parece más un teatro de operaciones tácticas que una región donde se defina una estrategia coherente. 

Una vuelta de tuerca: las intenciones de Donald en el hemisferio occidental.

Desde su primer mandato como Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump expresó su interés en la adquisición de Groenlandia, un territorio del Reino de Dinamarca. Este interés no se limita a un capricho, sino que responde a la relevancia estratégica de la isla en el Ártico, una región clave para rutas marítimas alternativas y para el monitoreo militar. 

El énfasis en el hemisferio occidental, incluyendo Groenlandia y el control del Canal de Panamá, refleja una ampliación de las estrategias tradicionales de Estados Unidos más que un cambio de enfoque exclusivo. En el caso del Canal de Panamá, este continúa siendo un eje central para la proyección de poder estadounidense, tanto a nivel comercial como militar. Trump, con su combinación de pragmatismo y provocación, evalúa la posibilidad de reforzar su control en la región, como respuesta al avance chino en América Latina, aunque tal movimiento no estaría exento de tensiones.

Asimismo, el interés en Groenlandia se suma a una serie de preocupaciones sobre la competencia global en un mundo cada vez más multipolar. Canadá, un aliado cercano de Estados Unidos, tampoco escapa a las consideraciones estratégicas de Trump. Las relaciones entre Ottawa y Beijing, especialmente en materia comercial y tecnológica, son vistas con recelo por Donald Trump, lo que podría explicar los comentarios del mandatario sobre una hipotética anexión de Canadá.

Lejos de ser un simple gesto provocador, estas posturas evidencian una visión más amplia sobre la necesidad de proteger los intereses vitales de Estados Unidos en un contexto global caracterizado por el ascenso de China y la creciente participación de actores como los BRICS. Groenlandia en particular, y el hemisferio occidental en general, ganan un protagonismo renovado. No reemplazan el enfoque tradicional hacia las regiones de conflicto histórico y estratégico que continúan siendo esenciales para la política exterior de Estados Unidos, pero sí surgen como un área de sumo interés para el recientemente electo Presidente de Estados Unidos.

Trump y Milei: ¿show o conveniencia?
En cuanto a la Argentina, el panorama es igual de intrigante. La relación entre Trump y Milei promete ser un show aparte en la política internacional. Ambos comparten afinidades ideológicas, discursos incendiarios y un desprecio casi teatral por las formas tradicionales de la diplomacia. Sin embargo, cuando se trata de un Tratado de Libre Comercio (TLC), los intereses estratégicos empiezan a complicarse. La firma de un TLC entre Argentina y Estados Unidos podría ser un sueño húmedo para ambos mandatarios, pero también significaría el golpe de gracia para el Mercosur, una institución que Milei critica abiertamente pero de la que todavía no parece dispuesto a desprenderse. Romper con el Mercosur no solo alienaría a Brasil, el socio comercial más importante de Argentina, sino que implicaría un costo político y económico que Milei, a pesar de su retórica de "libertad total", no está preparado para asumir. Así que, al menos por ahora, este TLC sigue siendo más una promesa tribunera, que una realidad diplomática. 
Así, mientras el mundo observa con atención el inminente regreso de Trump, queda claro que su estilo no es solo una estrategia comunicacional, sino una forma de gobernar que mezcla espectáculo, cálculo político y un pragmatismo a menudo subestimado. Con un panorama global en constante cambio, la pregunta no es si Trump cumplirá con sus promesas, sino cómo las adaptará para sacar el máximo provecho de un tablero internacional donde cada ficha es movida con la precisión de un jugador que nunca da puntada sin hilo.
 

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