Y SI TE CUENTO LOS MOTIVOS

 

El próximo 6 de diciembre de 2024, los presidentes del Mercosur se reunirán en Uruguay en un contexto marcado por tensiones internas y definiciones estratégicas cruciales.


 

Este encuentro contará con la participación del saliente presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou. Conocido por su postura favorable al acuerdo Mercosur-Unión Europea, buscará avanzar en su concreción antes de dejar el cargo.

Aunque Yamandú Orsi, presidente electo de Uruguay, asistirá al evento, su participación será informal, acompañando a Lacalle Pou como observador en lo que será una transición simbólica. 

 

Orsi ha prometido priorizar los intereses nacionales uruguayos por encima de alineamientos ideológicos, marcando un pequeño contraste con la administración saliente. Sin embargo, su rol en esta reunión será secundario, ya que aún no ha asumido el cargo.


La agenda de la reunión estará dominada por interrogantes que reflejan las divisiones internas del Mercosur. 

 

¿Se avanzará finalmente en el acuerdo con la Unión Europea, estancado por las diferencias entre los intereses europeos y sudamericanos? 

 

¿Podría Argentina, bajo el liderazgo de Milei, abandonar el bloque para buscar tratados bilaterales como un TLC con Estados Unidos? 

 

La incertidumbre sobre estos temas amenaza con perpetuar la parálisis del Mercosur, donde ni los acuerdos comerciales con Europa ni las alternativas multilaterales parecen encontrar consenso. 

En este marco, la política internacional añade complejidad al debate. Mientras líderes europeos como Giorgia Meloni presionan para cerrar el acuerdo UE-Mercosur, figuras como Emmanuel Macron y países como Polonia mantienen 

su oposición, argumentando riesgos para sus sectores agrícolas. Por su parte, Alemania impulsa con fuerza la firma, advirtiendo que la falta de acuerdo podría empujar al Mercosur hacia mercados como China o Rusia.

 

La Unión Europea (UE) | Relaciones internacionales (Bachillerato) 

Esta perspectiva cobra especial relevancia al considerar la postura de Brasil, donde el presidente Lula da Silva enfrenta el desafío interno de una devaluación del real, mientras en el ámbito de la política exterior busca consolidar a su país  como un actor clave en la conducción del BRICS

 

Su visión positiva de un acuerdo Mercosur-BRICS tiene ciertos rasgos de contraste con las aspiraciones de Javier Milei, quien busca restablecer una relación privilegiada con Estados Unidos, emulando la política exterior de los años 90. 

La reciente victoria de Donald Trump en ese país le brinda a Milei un respaldo clave en sus esfuerzos por reorientar la política comercial argentina hacia el norte.

 

Si bien este análisis parte de la observación de los actores regionales, también cabe destacar el rol de la Unión Europea de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea. Desde su inicio ha estado acorralada por tensiones políticas 

y desafíos estratégicos. Su equipo de 26 comisarios recibió el respaldo de la Eurocámara el 27 de noviembre en una votación que dejó en evidencia la fragmentación del Parlamento Europeo: 370 votos a favor, 282 en contra y 36 abstenciones. 

 

Este resultado, el más ajustado en la historia de la institución para la aprobación de una Comisión, reflejó la falta de mayorías estables y el giro hacia la derecha de una Eurocámara dividida.

 

Von der Leyen destacó que la fortaleza de Europa depende de su capacidad para innovar, competir y adaptarse a los cambios demográficos, un mensaje que resuena en un contexto global cada vez más complejo:

 

"Nuestra libertad y soberanía dependen más que nunca de nuestra fortaleza económica. Nuestra seguridad depende de nuestra capacidad de competir, innovar y producir, y nuestro modelo social depende de una economía que crezca y afronte el cambio demográfico".

 


Ursula Von der Leyen, reelegida como presidenta de la Comisión Europea por  un amplio margen 

 

A pesar de las dificultades iniciales, la aprobación del equipo de von der Leyen representa un paso adelante para una Comisión que enfrentará retos estratégicos como por ejemplo, el acuerdo Mercosur-UE. El liderazgo de von der Leyen se medirá no solo en su capacidad para implementar su ambiciosa agenda, sino también en su habilidad para navegar las tensiones internas de una Europa hiper fragmentada.

 

"Si los franceses no quieren el acuerdo, no tienen nada que decir", declaró Lula da Silva en el Encuentro Nacional de la Industria organizado por la Confederación Nacional de la Industria (CNI). Durante su intervención, el presidente brasileño afirmó que está dispuesto a firmar el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, destacando que su motivación no es únicamente económica

sino también histórica: 

 

"Firmaré el acuerdo no tanto por el tema del dinero, sino porque llevo 22 años en esto".

 

Lula también subrayó un mensaje optimista sobre el panorama económico de Brasil:

 

"Tenemos que hablar de forma positiva sobre Brasil. La economía está creciendo, tenemos el menor nivel de desempleo y el mayor aumento de la masa salarial. 

Si pensamos de forma positiva, no hay retroceso posible en este país".

 

 Lula sobre BRICS: “renazco en la política y en la esperanza” — Planalto

 

Sin embargo, más allá de sus declaraciones, surgen interrogantes sobre las verdaderas razones detrás de su postura. Históricamente, Brasil ha adoptado un  ritmo más acelerado en las negociaciones del acuerdo, mientras que Argentina ha optado por un enfoque más cauteloso. No obstante, Brasil siempre respetó los tiempos del Mercosur y evitó imponer su agenda sobre el bloque. 

 

Que ahora Lula justifique su urgencia apelando al argumento de los "22 años" genera dudas.

Es posible que Lula esté jugando a múltiples bandas. Su posición podría estar motivada por el conocimiento de que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, enfrenta una Eurocámara fragmentada y podría no estar inclinada a cerrar el acuerdo. Esto le permite a Lula proyectar una imagen favorable en diversos frentes:

 

En la región, refuerza su liderazgo al respaldar el acuerdo sin parecer demasiado alineado con agendas no occidentales. Con aliados globales, como Donald Trump, Giorgia Meloni o Alemania, se posiciona como pragmático, alejándose de cualquier percepción de una vuelta de la marea rosa, a contra mano del clima de época. Con China y Rusia, mantiene intactas las relaciones estratégicas si el acuerdo no prospera, mostrando que Brasil sigue abierto a otras alianzas comerciales y políticas.

 

Este equilibrio estratégico podría tensionarse si el 6 de diciembre, durante la reunión del Mercosur en Uruguay, los líderes logran consensuar y comunicar la voluntad de firmar el acuerdo. La reunión promete ser un escenario de confrontación entre estas visiones contrapuestas, que definirán no solo el futuro inmediato del Mercosur, sino también su lugar en un orden mundial cada vez más multipolar. 

 

La reunión del Mercosur del próximo 6 de diciembre plantea interrogantes que podrían definir el futuro del bloque y su papel en un contexto global cada vez más multipolar. 

 

Uno de los focos estará en la postura de Javier Milei, quien deberá decidir si acepta la posible firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea impulsada por 

Lula da Silva, Luis Lacalle Pou y Santiago Peña. 

 

Esta decisión podría tener implicancias profundas para la unidad del bloque: aceptar el consenso sería un gesto de pragmatismo político, pero también podría interpretarse como una contradicción con su discurso crítico hacia el "progresismo latinoamericano". En contraste, rechazar el acuerdo podría significar un aislamiento estratégico para Argentina dentro del Mercosur y un retroceso en su capacidad de negociación en el ámbito global.

 

Además, el impacto del acuerdo en la dinámica interna del BRICS también genera dudas. Brasil, bajo el liderazgo de Lula, busca consolidar su papel como motor del bloque emergente, desafiando las normas de gobernanza global dominadas por Occidente. Sin embargo, la firma de un pacto con la Unión Europea podría crear tensiones con otros miembros del BRICS, especialmente China y Rusia, cuyos intereses estratégicos en Sudamérica podrían entrar en conflicto con los objetivos del acuerdo. 

 

Alternativamente, el pacto podría ser visto como una medida pragmática que no interfiere con las prioridades del BRICS, sino que diversifica las relaciones comerciales de Brasil sin comprometer sus alianzas estratégicas.

 

Por otro lado, el contexto internacional añade otra capa de complejidad. La política exterior de Estados Unidos, bajo el  segundo mandato de Donald Trump, está fuertemente concentrada en conflictos geopolíticos como los de Oriente Medio,  Ucrania y las tensiones con China y Rusia. En este escenario, ¿cómo reaccionará Washington ante la posible firma del acuerdo Mercosur-UE? 

 

Un Donald Trump recargado vuelve a la Casa Blanca: ¿Qué hará? 

 

Si bien podría interpretarlo como un movimiento neutral o incluso periférico, también existe la posibilidad de que lo vea como una maniobra estratégica que afecta su influencia en Sudamérica, especialmente si fortalece las relaciones entre Europa y Brasil, un actor clave en la región. La atención que Estados Unidos preste a este acuerdo podría redefinir las prioridades de su política hacia América Latina y reconfigurar alianzas en el hemisferio.

 

En este sentido, y habiendo repasado cuestiones coyunturales pero con una perspectiva histórica más amplia, presento algunas recomendaciones para el presidente Javier Milei de cara a los desafíos y riesgos que enfrenta en el 

contexto regional e internacional. 

 

Pedirle que lidere el Mercosur puede sonar utópico, pero solicitarle que no lo desintegre entra en el terreno de lo razonable. 

Sea que decida priorizar un acuerdo comercial con Estados Unidos (queda por ver qué interés real tiene este país en importar productos argentinos), romper vínculos estratégicos con Brasil, o emitir declaraciones intempestivas y mal calculadas hacia China, es fundamental que lo haga consciente de las reglas, normas y tratados internacionales que rigen la interacción entre los Estados.

 

Hemos dado este debate con algunos compañeros, respecto a la posibilidad de un tratado de libre comercio, y estas son algunas conclusiones a las que llegamos: 

 

Si Javier Milei piensa avanzar en algún Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos tiene que saber que va a chocar con la oposición de Brasil dentro del Mercosur y que dicho tratado debería aprobarse dentro de este organismo por 

compartir la frontera arancelaria, sino también debería considerar las cuotas de desarrollo, porque sino las ventajas absolutas terminarán favoreciendo a Estados Unidos, y un modelo de ventaja comparativa terminará primarizando nuestra economía mucho más de lo que ya está. 

 

 

Balanza Comercial: Qué es y por qué importa 

Este recordatorio no solo pone en evidencia los límites prácticos de ciertas decisiones, sino también las implicancias estructurales que estas podrían tener sobre la economía argentina a largo plazo. Un año de gestión no equivale a cuatro. Las medidas de ajuste que se implementen durante este período tendrán un impacto que puede marcar su legado, pero también su capacidad de 

maniobra futura. 

 

Sus aliados en el Congreso Nacional, aunque indispensables, son alianzas temporales que responden más a coyunturas que a afinidades ideológicas o estratégicas duraderas. Trabajar en conjunto con ellos durante un año no garantiza fidelidad o apoyo continuo. Estas alianzas, como muchas de sus declaraciones y promesas de campaña, son efímeras y podrían disiparse tan rápido como surgieron.

 

Es comprensible que su llegada a la política haya estado motivada por el deseo de transformar radicalmente el sistema, llevárselo "puesto" según su propia retórica. Sin embargo, la política tiene su propio ritmo y lógica. Sería prudente no subestimar su capacidad de responder a las imprudencias o errores con la misma contundencia con la que usted ha cuestionado el statu quo. En este juego, el riesgo no es sólo transformar, sino ser transformado, o incluso superado

por las dinámicas que pretende cambiar.


Autor: Ariel Fernández.

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